Monday, May 15, 2006

PEQUEÑO SUEÑO-PESADILLA DE BURÓCRATA

Pequeño sueño de burócrata
con lluvia torrencial que moja la testa y el sombrero
que se repliega sobre doblez de periódico amarillo
que gotea sobre la taza de tinto hirviendo
que deja charcos abiertos con trazos de nubes grises y azules.
Pequeño sueño de burócrata,
con libro mal leído de Wittgenstein en cazadora,
buscando a su enemigo imaginario lejos,
y su enemigo verdadero tan cerca del segundo piso;
el señor feudal que le marca el paso y le da un sello,
un memorando; una señal que le despierta.
Pequeño sueño de burócrata recortando con tijeras algún clasificado
mirando una cartelera de cine negro,
acicalando su cabeza mongólica moruna
Y sonrisa de algonquina morsa.
Pequeño sueño rojo,
con mancha de verde esputo en la camisa tricolor,
barro en su zapato y un grito de crió bajo la papada.
Pequeño burócrata trazando pequeñas guerras,
minúsculas confrontaciones,
elucubrando por lo bajo estrategias indoloras,
para acometer su embestida, su estocada.
Pequeño burócrata sintiéndose tan grande, tan aurático,
atrapado entre dos paredes, cuatro cubículos,
sin un nombre, pero con un número,
sin poder despegarse de su hembra, su mula y su arreo.
Sintiéndose brillante en medio de tanto gris y tanto oscuro,
sin poder respirar siquiera por su herida.
Pequeño burócrata saqueando líneas de Internet,
tecleando con furia sobre las cuartillas virtuales,
y su enemigo grande bailando ebrio de oporto y ajenjo,
lejos,
su gran enemigo navegando al centro de la risa.

Pequeño burócrata desperdiciando su último verano,
en medio de una rencilla perdida.
Desafiando a su gigante,
su ángel exterminador
que le azota, le fustiga, le asombra desde la estratosfera,
desde una cuartilla blanca en el exilio; como un mago cruel,
su enemigo le acecha y le dice que suelte su próxima carta, que le espera.
Pequeño burócrata rubicundo saboreando un granizado,
un helado de manzanilla y sintiendo algo que vibra
ruido de cristales. Catedral de pueblo después del temblor,
buscando las palabra detrás de los metales pesados,
detrás de la dioptrías de la envidia.
Pequeño burócrata cebado, cerdo celeste,
becerro nubio, cancerbero del ministerio de cultura.
Pequeño sueño-pesadilla de burócrata, trastabillando,
arponeando tiburones verdes en las aguas del estanque de sus sueños.
Pequeño burócrata enternecido con las sombras chinescas, haciendo malabares entre las piernas de los adolescentes de celuloide,
mascando palomitas de bencina y azúcar.
Pequeño burócrata con mancha de lodo en pantalón de textil chino.
Pequeño burócrata atestado de cápsulas para prevenir su gastritis.
Pequeño burócrata haciendo cola,
marcando relojes que se deslíen cada seis horas,
haciendo reverencias y genuflexiones por los pasillos,
cuchicheando por los corredores.
Pequeño sueño, pesado y triste de burócrata,
que tiene que salir a votar el domingo.
Que va a la feria democrática el lunes,
para mostrar su afecto, su cordura,
y refrendar su plato de lentejas.
Pequeño sueño-pesadilla de burócrata.
Somnoliento él, tan anodino, con su gran enemigo lejos
que abre una afilada navaja toledana
y le dice: ¡Suelte, juegue, que esto es una pequeña muestra!,
que la espera va para largo
y la vida no es tan corta como la gente piensa,
que le espera,
que tire su segunda carta, pues el juego apenas comienza.

Pequeño sueño de burócrata con lluvia torrencial del trópico
que moja la testa y el sombrero
con bolsi-libro, mal digerido,
mal estudiado, mal encuadernado de W. Benjamín en el trasero....

O.G.R.

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